La cultura de las buenas costumbres y moral impecable se consolida tras unas cuantas ideas férreas por lo que hace al manejo de la sexualidad. La masturbación está mal vista, el incesto es tabú, la homosexualidad es penalizada, la iniciación sexual antes de cierta edad es considerada pederastia y, por si fuera poco, hablar de lo sexual no está siempre bien visto, aunque la circulación de los chistes verdes sea intensa y la pornografía no deje de ser una industria pujante. Quienes se profesionalizan en ella como medio de vida son personas mal vistas por el resto de la sociedad. A menudo las mujeres se han encontrado con la tesitura de no tener más que su cuerpo que ofrecer para sobrevivir. Hay toda una cultura de la mujer que se presta a proporcionar placeres a sus solicitantes, generalmente masculinos. Se ha dicho de la prostitución que es el oficio más antiguo de la historia, lo que sí resulta fácil de demostrar es que una actividad que no necesita productos extra para ser practicada. El cuerpo en si mismo puede ser objeto de deseo. No necesita i siquiera ser exhibido para que haya un deseante que lo quiera para el placer. El mudo de la prostitución ha sido retratado y sigue siéndolo por todos los ángulos posibles. El lenguaje lesivo no para de prodigarse con palabras que lo evocan tan pronto alguien, en particular las mujeres, salen de las costumbres establecidas. Incluso en las discusiones entre parejas jóvenes por desavenencias convivenciales o porque ella tiene otras relaciones fuera del estrecho marco del dueto se pasa rápido al uso de la palabra puta, como uno de los insultos más graves. Otro de los peores insultos para definir las malas artes en la actuación de alguien es que hace putadas o hijoputadas, como si todos los hijos de las prostitutas tuvieran que ser mala gente, o todas las actividades de las putas fueran malintencionadas. No dudo que los submundos y marginación en el que se ha solido mover tal profesión ha ido vinculado a tratos conflictivos, a traiciones abiertas, a faltas de palabras dadas o a robos. (Clienteé una sola vez con una prostituta en Asunción. Mientras me estaba felando trató de sacar los billetes de mi cartera). Habría que hilar muy fino y hacer estudios comparativos para comprobar si los códigos de las putas son menos éticos que los códigos de otras profesiones. Recuerdo que al principio de reflexionar sobre la prostitución como una casi constante antropológica una de las primeras evidencias es que uno de sus atributos principales (el de ofrecer el cuerpo y la intimidad sexual a cambio de dinero) no esta/ba tan lejos de otras profesiones asalariadas, en las que el empleado ofrece su tiempo para una actividad mandada a cambio de dinero. Si examináramos este punto al detall es posible que otros oficios que pasan por socialmente correctos sean más innobles que el de prostituirse.
La prostitución ha sido ligada a la excrecencia social, a lo peor, a la chusma, a los inadaptados, a los viciosos, a los enfermos del alma, a, los solitarios, a los faltos de todo, a las áreas exclusas sin embargo hay una prostitución histórico que estuvo ligada a los templos, a la sexualidad sagrada y algunos códigos enviaban a todas las mujeres a hacer el amor con desconocidos. De la prostitución hay muy mala prensa por lso focos de contaminación que supone y sobre todo por una relación exclusivamente mercantil con alguien accediendo a sus secretos corpóreos para beneficiarse de ellos y punto.
Desde la posición practicante muchas mujeres que hacen este trabajo y que así lo entienden sin alcanzar ninguna clase de sentimentalidad con quien es se toca el problema mayor no es el de la pluralidad de la que participan sino la falta de placer que acarrean. De una prostituta la menor discusión que le haría es si se relaciona con miles de clientes a lo largo de su vida profesional, si no si eso lo hace sin experimentar ningún placer por su parte y su único móvil es el dinero. Pero esa misma discusión se la haría a cualquier otro profesional que hace su oficio por supervivencia y no por identificación o gusto. Hay problemas propios del oficio, aguantar una clientela insoportable o maloliente o violenta. No pocas veces las putas son las víctimas propiciatorias de clientes tarados que descargan en ellas lo que no se atreven a hacer con otras personas de su ambiente. Los perfiles de la clientela proporcionan distintas clases de sujetos faltos de lo que buscan o lo que piden. Una prostituta presta el escenario ideal para juegos fantásticos que la gente más corriente viene imaginando pero no se atreve a plantear nunca. Hay quien se ha iniciado a la vida sexual adulta (entendida como completa, con copulaciones) con prostitutas. Una prostituta es/sería por su condición de profesional del sexo la experta para conocerlo y practicarlo todo. No es así. Una vez sondeé por teléfono algunos anuncios de prostitutas solicitado expresamente la copula anal, algunas me contestaron con cajas destempladas considerando que esto era guarradas. La escena tópica de u cliente que sigue a una puta con la que ha hecho un acuerdo en la calle para ir a una habitación suele ser una escena tópica pero equívoca. Por lo general se pacta la copula vaginal y punto. Todo lo demás: la felatio, los besos, el encuentro anual ni siquiera es mencionado. No deja de ser una curiosidad. Donde debería tener más interés la profesión prostituta (tanto de las mujeres como de los hombres) es la de poder acceder a unas experiencias que la relación habitual con la partner o en casa ni siquiera puede ser expresada o ha sido cortada de llano. De la prostitución todavía hay muchos tabúes. La diferencia entre una mujer liberal que acepta irse a la cama con más de un hombre y con más de diez o de cien y tiene relaciones en paralelo con una puta es que esta cobraría por esa clase de citas. Desde el punto de vista del placer concreto ambas pueden conseguirlo por un igual, solo que una además lo factura. No creo que haya que pagar por practicar la sexualidad ya que es un intercambio de placeres y un encuentro con las intimidades mutuas. Por la misma razón que el cliente de una puta le paga esta debería pagarle a él. Lo que justifica que no sea asi es que ella le hace un servicio que a él le costará conseguir con otras mujeres. La prostitución como todo pasa por una ley simple de oferta y demanda.
El universo del deseo es muy sutil y aunque mucha gente busca esa cita íntima en la dimensión orgasmática se actúa como si siempre se prescindiera de eso. No es tan terrible tener que acudir a un barrio de prostitutas o a sus anuncios por periódico para conseguir los placeres que las relaciones habituales no proporcionan. El fenómeno de la prostitución es doblemente indicativo, tanto e el punto antes mencionado de quien recurre a ella como una manera extrema de conseguir dinero en situaciones que o hay o no se acepta desempeñar otros trabajos, como que existe porque la prostituta da lo que no da la novia remilgada. De una prostituta no le discutiría tanto serlo como no gozar con lo que hace. Al fin y al cabo su trabajo puede ser reconceptuado como terapeuta sexual. Hay una falsa idea de la vida oscura, dramática y amarga de ellas. Hay categorías, hay una prostitución de lujo que no se auto flagela culpabilizándose por lo que hace. Hay mujeres con muchos contactos copulativos en su vida y que toman distancia de todo ello sin vivirlo como drama ni como gran error biográfico. En su haber está el saber que han proporcionado miles de horas de placer a desconocidos a cambio de dinero sí pero también a cambio de su propia experiencia de lo que es el mundo de los demás.
Cualquiera que utilice la palabra puta para desacreditar a alguien no tendría el menor sentido que aplicarle cualquier otra palabra de cualquier otro oficio. Mientras la sociedad sea la que es la prostitución continuará existiendo. Mientras la cultura represiva demore la incorporación a la sexualidad adulta a tata gente la imaginación llevará a buscar los placeres donde sea. Mientras la sexualidad de pareja sea incompleta los partners tenderán a buscarla fuera de ella.
Los modelos sociales actuales con todo su canto al hedonismo no pienso que hayan superado formas antiguas de placeres avanzados donde las bacanales y las orgias de grupo permitían situaciones que actualmente apenas si van más allá del campo imaginario. Una sociedad progresista y liberal asumiría las necesidades de todos sus miembros no limitándolas a saciar el hambre, asegurar el techo o la escolarización, también enfrentaría las necesidades sexuales. No poca gente llega al crimen por no tenerlas resueltas. Detrás de la mortandad doméstica escalofriante, las violaciones callejeras están una absoluta falta de educación y de praxis sexual. Imaginemos por un momento la traspolación de un ejercicio antiguo: el de la prostitución sagrada en el templo readaptada como prostitución cívica en las que hombres y mujeres rotatoriamente asumieran un servicio público supervisado por la gestión de gobierno de una localidad a la que acudir para compañías eróticas puntuales. Esos substitutos de prostitutorios funcionando no por dinero sino a favor de la salud comunitaria podrían ser inscritos dentro de las políticas de prevención sanitaria. Periódicamente los ayuntamientos luchan por la eliminación de la prostitución reconociendo que ese es un fenómeno invencible por muchas redadas periódicas que hagan o muchos cercos en zonas que establezcan. En el fondo es una lucha perdida contra el derecho al placer. En los USA país de doble moral y de otros pliegos ridículos pueden detenerte por hacer el amor dentro de tu vehículo o por estar desudo dentro de él. La prostitución no solo no es eliminable sino que es un indicador de la desorganización social que necesita vías de escape a falta de una sexualidad colectiva más líbera.
El estatuto de la prostituta debería ser reconocido públicamente como el de una contributora al bienestar colectivo y lejos de criminalizarla se debería facilitar los espacios para su libre ejercicio. Lo mismo para los hombres que se prostituyen. En la actualidad la prostitución forma parte en la mayoría de casuísticas del submundo y la marginalidad. Hay una prostitución fina que no se distingue tanto por la cantidad de contactos como por su alto poder adquisitivo. Es el paquete de todo aquel submundo de macarras, traiciones, peleas y rivalidades territoriales lo que la degrada y afea quitándole su valor lúdico. Evidentemente no todo el mundo que llega a su ejercicio lo hace por libre voluntad. De hecho hay un mercado de prostitutas en el que se siguen chantajeando y explotado para que paguen deudas fraudulentas e impuestas, también familias que venden a sus hijas para condenarlas a esa atrocidad. No todas las prostituciones son iguales y hay culturas donde ha elaborado la exquisitez de algunas (las geishas) para demostrar que no era suficiente con prestar el cuerpo abierto al solicitante sino que era fundamental la compañía inteligente y culta.
Una curiosidad con la prostitución señalada negativamente es que no rescata su potencial de liberalidad y de pluralidad. La prostituta es la única persona que tiene dos o más relaciones solicitas que mantiene dos o más veces en paralelo sin que sus clientes entren en rivalidad entre ellos. En ese sentido ha conseguido/ consigue lo que en pocos escenarios de las relaciones humanas se consigue.
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